El mundo entra las grandes guerras: socialismo, nacional socialismo y fascismo

El mundo entre guerras es el periodo que abarca desde el final de la Primera Guerra Mundial (1918) hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939).

Dentro de este periodo destaca por su importancia:

          1.-La revolución rusa (1917) y su desarrollo.

          2.-La crisis financiera de 1929 llamada la Gran Depresión

          3.-El ascenso de gobiernos totalitarios en varias zonas del mundo.

LA REVOLUCIÓN RUSA

A principios del siglo XX estalló una revolución social -casi simultánea a la Revolución Mexicana- que por su impacto fue fundamental para el desarrollo del mundo contemporáneo: la Revolución Rusa de 1917. Ésta se puede comparar con la revolución francesa de 1789 porque ocurrieron diversos procesos históricos que rompieron con sistemas absolutistas y organizaciones socioeconómicas antiguas y, al mismo tiempo, provocaron una profunda transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales e ideológicas. Pero, mientras que las revoluciones burguesas fortalecieron el capitalismo, la revolución acontecida en Rusia quiso acabar con el mismo sistema que en ese momento se encontraba en su fase imperialista.

Para comprender la Revolución Rusa es necesario conocer sus antecedentes y situarla en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Este acontecimiento aceleró la caída del zarismo y la toma de poder de los revolucionarios liderados por Vladimir Ilich Lenin.

Desde ese momento los bolcheviques implementaron una serie de políticas orientadas al cambio revolucionario, que posteriormente sirvieron de ejemplo para muchas luchas sociales y nuevos proyectos de nación construidos, al menos en teoría, sobre bases populares.

Con el fracaso de la democracia liberal, tras la Primera Guerra Mundial, la construcción de un mundo socialista inspirado en las ideas de Carlos Marx y de Vladimir Lenin, se consideró viable y así surgió la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS); una alternativa y modelo digno de imitar para todos los grupos revolucionarios del mundo, especialmente para los militantes socialistas quienes buscaban implementar una revolución organizada como la de 1917 en sus respectivos países.

LA CRISIS DE 1929

ANTECEDENTES A LA CRISIS DE 1929

7 años después de haber terminado la Primera Guerra Mundial, el mundo parecía estar recuperándose de los estragos de la guerra, en especial Estados Unidos que había emergido como la máxima potencia industrial y económica del mundo se vivía una época de alto crecimiento.

Para 1925 el nivel de producción pre-guerra ya se había restablecido, los precios de las materias primas estaban estables, y aunque algunos países como Reino Unido, Alemania e Italia principalmente no se podían recuperar del todo de los estragos de la Primera Guerra Mundial, la mayoría de los demás países del mundo experimentaban un auge económico e industrial.

EL MARTES NEGRO DE 1929

Sin embargo, el 29 de octubre de 1929, también conocido como el Crac del 29 o El Martes Negro se produjo una caída estrepitosa en la bolsa de valores de Nueva York, la cual se expandió casi inmediatamente a todas las bolsas de valores del mundo.

Esta Martes Negro marco el inicio de una depresión económica sin precedentes y que tuvo como características generales lo siguiente:

          1.-La caída acumulada de la bolsa fue de entre 40 y 80 puntos

          2.-El comercio internacional descendió entre el 50 y el 66%

          3.-El desempleo oscilaba entre los países del mundo entre el 25% y el 33%.

          4.-La caída de los precios de la agricultura fue de hasta el 60%

CAUSAS DE LA CRISIS DE 1929

Aunque pareciera que la caída de la bolsa fue la causa de la crisis, esta no fue sino un síntoma más de la depresión que se estaba desarrollado en el mundo entero.

Las causas venían desde el final de la Primera Guerra Mundial y se habían profundizado durante este periodo. Algunas causas que se pueden enumerar son:

          1.-Endeudamiento excesivo de algunos países como Alemania.

          2.-Excesivo crecimiento industrial en otros países sin que los demás sectores se pudieran adaptar a estos cambios.

          3.-Reduccion de la oferta monetaria por parte de la autoridad monetaria.

          4.-Alta especulación desligada a la realidad económica y productiva de la economía.

CONSECUENCIAS DE LA CRISIS DE 1929

La consecuencia más importante fue la pobreza y el desempleo que provoco esta crisis y que afecto a la mayoría de los países del mundo, especialmente a Alemania por sus deudas contraídas en la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, la pobreza y el desempleo provoco en los demás países grandes crisis sociales; como; violencia civil, violencia contra los gobiernos, violencia contra otros grupos humanos, etc.

Dentro de esta situación económica-social, es donde nacen los llamados gobiernos totalitarios que se aprovechan de las situaciones económicas para orientar el descontento de la población y después someterla a graves limitaciones de sus libertades civiles.

Concepto de Totalitarismo

En la historiografía no existe un consenso acerca de los conceptos más adecuados para caracterizar bajo un denominador común los gobiernos fascista, nazi, falangista, franquista y japonés de la década de 1930; por ello se utilizan, a veces de manera intercambiable, los términos de fascismos, totalitarismos, dictaduras o autoritarismos para describirlos. Sin embargo, no son sinónimos y aquí partiremos del concepto de totalitarismo para definir la pretensión totalizadora de estas ideologías y movimientos políticos para dominar cada aspecto de la vida humana.

De acuerdo con Norberto Bobbio, el totalitarismo es más que un gobierno dictatorial o régimen autoritario porque a partir de una concepción de la vida y de la naturaleza específica tenía la pretensión de ser una propuesta de organización permanente para la sociedad y la civilización.

Características de un régimen totalitario

Control total de la sociedad, la economía y la cultura por el Estado

Eliminación de los enemigos políticos y la prevalencia de un partido único

Líder carismático dictatorial (el führer en Alemania, el duce en Italia, el caudillo militar en España y Japón)

Política de masas con movilizaciones, buscando la adhesión a valores como la patria, la raza y el jefe

Violencia de Estado, censura, propaganda y política de represión

Nacionalismo extremo

El programa totalitario se desarrolló en distintos grados y algunos historiadores consideran que solamente se cumplió en Alemania, mientras que en Italia, Japón y España se compartieron algunas de sus particularidades. En los programas totalitarios era fundamental el nacionalismo extremo y agresivo, tendiente a exaltar la superioridad de sus ideas o incluso de las cualidades biológicas consideradas “superiores”.

Para lograr la aceptación del Estado y fortalecer el régimen se hace uso extensivo de la propaganda y se elimina la posibilidad de ideas contrarias mediante la censura, la represión policial y la eliminación de los opositores del régimen -especialmente los comunistas y sociales-.

Salvo España, la mayoría de los regímenes totalitarios emprendieron políticas agresivas de expansión territorial. Japón invadió en septiembre de 1931 a Manchuria, China y el hecho de que ni Estados Unidos, ni la Sociedad de Naciones estuvieron dispuestos a usar la fuerza para detener la expansión japonesa, asentó un precedente y abrió el camino para Italia y Alemania seguir el mismo camino en Europa. En 1933, Adolfo Hitler llegó al poder y siguió pronto el ejemplo japonés de abandonar la Sociedad de Naciones y anexar los territorios perdidos a consecuencia del Tratado de Versalles.

La conquista de nuevos territorios formaba parte del programa económico del totalitarismo que hizo énfasis en la obtención del desarrollo de una planta productiva nacional, autarquía en el campo y el proteccionismo a favor del mercado interno.

Fascismo italiano

Después de la Gran Guerra de 1914-1918, Italia fue presa de un gran descontento popular tanto político como social en contra del gobierno y de los Tratados de Paz firmados, ya que éstos no se ajustaron necesariamente a las promesas hechas por los Aliados. En los “Catorce Puntos” del presidente estadounidense Woodrow Wilson se les negó a los italianos importantes reivindicaciones territoriales (a pesar de haber combatido desde 1915 al lado de las potencias aliadas).

La crisis no solamente fue internacional, al mismo tiempo fue moral, política y económica. Durante la guerra perecieron casi 700 mil soldados, hubo 1 millón de heridos; el país quedó afectado por el desempleo y la inflación; y una crisis política con gobiernos rápidamente alternantes. En este contexto, algunos partidos políticos de corte comunista y socialista ocupaban fábricas y realizaban huelgas nacionales.

En este contexto apareció en 1922 el partido fascista organizado por Benito Mussolini; cuyas bases se encuentran en la integración de las milicias juveniles llamadas Fascio di combatimento, surgidas en Milán en 1919, y que aparentemente luchaban por el establecimiento de una República Democrática y Socialista.

El fascismo se caracterizó principalmente por:

1.- Ser un régimen dictatorial.

2.- Su oposición y liquidación de los enemigos políticos.

3.- La exaltación del Estado sobre los intereses individuales: “todo en el Estado, todo por el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.

El corporativismo: los sindicatos debían estar también subordinados al Estado, se prohibieron las huelgas y el cierre de las fábricas.

4.- El imperialismo colonial.

Nazismo alemán

Para 1935, el totalitarismo impuesto por Adolfo Hitler era evidente, ya que estableció un gobierno dictatorial rigurosamente centralizado; incendió el Parlamento en 1933 acusando a los comunistas, encarceló y asesinó a opositores, abolió la Constitución de Weimar, disolvió el Reichtag (parlamento), suprimió los partidos políticos (menos el Nazi), asesinó a los competidores –entre los cuales se destaca Ernst Röhm- dentro de su propio partido durante “La Noche de Cuchillos Largos” (30 de junio de 1934); se alió con grandes magnates financieros como el grupo Schroeder y Thyssen para asegurar el poderío económico y las asociaciones obreras dejaron de existir, en su lugar apareció un sindicato único, el Frente Alemán del Trabajo.

El medio más importante para implementar estas políticas fue el Partido Nazi. Éste se encontraba fuertemente jerarquizado con un grupo dirigente (entre los cuales se encontraban Goering y Hess), un grupo de 34 Gauleiter (responsables locales), una sección paramilitar que fungía como guardia personal de los líderes y como grupo de choque liderado por Röhm, la SS (Schutzstaffel) de Himmler que se dedicaba a la policía y el control, la policía política o Gestapo (Geheime Staatspolizei) y las juventudes hitlerianas. Así con el tiempo el Partido fue tomando control sobre la administración total del Estado alemán. Para convencer y utilizar al pueblo como fuerza política se implementó un fuerte control sobre los medios mediante el programa de propaganda de Joseph Goebbels y movilizaciones masivas, especialmente en la ciudad de Núremberg que Hitler consideraba la más alemana de todas.

La política económica del Estado Nazi se centró en el desarrollo de un Estado interventor, como en la República Weimar, pero ahora centrado en la construcción de autopistas, el desarrollo de la industria pesada y química, especialmente centrado en el aspecto bélico, regenerando la economía a niveles anteriores a la crisis de 1929, reduciendo el paro laboral. Dentro del Estado Nazi se suprimió la legislación social, incluida en la constitución de Weimar, y la economía dependió directamente de los acuerdos del poder político con las cúpulas empresariales, así se buscaba limitar la lucha de clases para fortalecer al Estado e insertar a las masas en las instituciones totalitarias.

En política exterior, Alemania se centró en la renegociación del Tratado de Versalles, la salida de la Sociedad de las Naciones y la ocupación de las zonas fronterizas con Checoslovaquia, Austria, Francia y Bélgica. Durante la década de 1930 la Alemania Nazi adoptaría una política expansionista muy agresiva (mucho más que Italia, por ejemplo) basada en la idea hitleriana de obtener un mayor “espacio vital” y crear un gran imperio pangermánico.

Las características de la doctrina nazi fueron:

1.- El racismo

2.- El nacionalismo

3.- El autoritarismo dictatorial

4.- El pangermanismo

5.- El militarismo

Falangismo y franquismo español

A diferencia del resto de Europa Occidental, España no había participado en la Primera Guerra Mundial y durante estos años, la económicamente retrasada península ibérica conoció momentos de bienestar gracias a la exportación de alimentos, textiles, cuero, metales y material de guerra. Al terminar el conflicto, el país nuevamente se quedaría sumido en la crisis económica, pero ahora con un mayor número de desempleados y una población debilitada por el hambre y la gripa española.

El gobierno español conservador no dio soluciones a la crisis, lo que hizo incrementar la agitación y el malestar en el país. Mientras que los representantes de la monarquía española (los aristócratas, terratenientes, militares y clero) intentaron frenar la modernización, algunos grupos progresistas pertenecientes a la burguesía y la clase obrera intentaron consolidar la reforma social, económica y política del país. El Estado era gobernado por un parlamento con conservadores y liberales a nivel nacional y por caciques rurales a nivel regional y local.

Durante la década de 1920 surge una resistencia al gobierno por parte de grupos de izquierda: sindicatos socialistas, anarquistas y el Partido Comunista de España, que se organizó con apoyo de la Tercera Internacional de Moscú. Tras una derrota contra los pueblos del desierto en la colonia española de Marruecos, se cuestionó fuertemente a la monarquía y el general Miguel Primo de Rivera instauró una dictadura militar. Durante su dictadura se agudizó el enfrentamiento con los grupos de oposición de izquierda y con las minorías culturales (catalanes y vascos). Se suprimieron los partidos políticos y la libertad de prensa, pero al mismo tiempo se pactó con la Unión General de Trabajadores, el sindicato socialista más grande.

Las elecciones de 1931 terminaron en una rotunda victoria para una coalición de republicanos, socialistas y catalanes que hizo abdicar al rey español el 14 de abril, dando paso a la proclamación de la Segunda República Española. El nuevo gobierno promulgó una nueva Constitución buscando mejorar la situación económica (agricultura e industria), social (derechos individuales y sociales), política (estableciendo la separación Iglesia-Estado, dando autonomía a las minorías culturales y el voto femenino) y cultural (reorganizando el sistema educativo) del país.

Los diversos grupos de la derecha española emprendieron varios intentos para derrocar al gobierno popular y el 29 de octubre de 1932 se organizaron en un nuevo organismo político: la Falange Española. Liderado por José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador Primo de Rivera), la Falange, de inspiración nazifascista, representaba los intereses de los grupos más reaccionarios de la sociedad y tenía como propósito centralizar el poder en manos de los militares con el objeto de “defender la familia, las profesiones, la justicia y la patria”.

La situación política se complicó cuando en febrero de 1933, la coalición de socialistas y republicanos perdió las elecciones frente a una alianza de conservadores. El Estado español seguía en crisis política y económica cuando en octubre de 1934 una revuelta de mineros socialistas en el norte de España fue duramente reprimida por el ejército comandado por Francisco Franco. También se encarceló a los líderes republicanos de la región de Cataluña y se suspendió su recién adquirida autonomía.

En ese contexto se agudizó la lucha entre la izquierda y la derecha, sin que ningún bando obtuviera la hegemonía en el país. Durante las elecciones de 1936, el Frente Popular, compuesto por una coalición de las izquierdas de toda la península ibérica ganó las elecciones e intentó retomar las reformas de cinco años atrás. Ante tales acontecimientos políticos, el 18 de julio de 1936, el alto mando del ejército español realizó un pronunciamiento o golpe de estado para derrocar al Frente Popular. No obstante, el ejército quedó dividido en una facción que apoyaba al gobierno de izquierda y otra comendada por Francisco Franco que buscaba derrotarlo. Con apoyo de la Falange, monarquistas, el clero, los terratenientes y el gran empresariado, Franco realizó un asalto con tropas marroquís y españolas dando así inicio a la llamada Guerra Civil Española.

Guerra civil española

Durante la Guerra Civil (1936-1939), el país se dividió en dos bandos: el republicano y el nacionalista. El primero, grupo heterogéneo de distintas procedencias, defendía el Estado laico, la autonomía de las regiones, el parlamentarismo y las clases trabajadoras, mientras que el segundo bando defendía el orden tradicional de la propiedad y los privilegios de la aristocracia, la burguesía y el clero, el gobierno centralista monárquico o fascista, el autoritarismo y el catolicismo.

El bando republicano recibió apoyo de voluntarios procedentes de Europa y de los E.U. para luchar contra los nacionalistas y luego se organizaron las Brigadas Internacionales con apoyo de la Unión Soviética en octubre de 1936. Con el fin de contener el eje nazifascista de Roma-Berlín, la Gran Bretaña y Francia optaron por no intervenir en España, mientras que precisamente Hitler buscaba el apoyo de Francisco Franco para ampliar el conflicto con las potencias occidentales, además de obtener, a través de la alianza, materias primas para su esfuerzo bélico.

La Unión Soviética siguió mandando apoyo al Frente Popular, a pesar de haber aceptado la no intervención británica, y aprovechó para liquidar a los principales líderes de izquierda española que se alineaban con el ideario estalinista. En 1937, con apoyo de tropas nazifascistas, los nacionalistas ejecutaron la “Operación Cóndor”, en la que cayeron muchas ciudades republicanas, como la de Guernica que fue magistralmente retratada por Pablo Picasso. Se replegaron a Cataluña y resistieron el asalto franquista y nazifascista hasta el 28 de marzo de 1939, cuando las tropas del general Franco hicieron su entrada triunfal en Madrid, con esto se daba por hecho el fin del gobierno republicano e inició la dictadura franquista.

El balance de la guerra civil española fue de un millón de muertos y un país desgarrado por las diferencias ideológicas, por ello, para evitar represalias, muchos republicanos arribaron por exilio a Latinoamérica –particularmente a México-. Francisco Franco se autonombró como “Caudillo” y encabezó el país -aislado del resto del mundo- hasta el año de su muerte, 1975.

Muchas veces se ha comparado el régimen franquista con el fascismo italiano y el nazismo alemán. Sin lugar a duda, no fue un régimen tan extremo como el segundo, pero si autoritario y represivo hacia los grupos de la izquierda, o bien, como refiere el periodista y escritor George Orwell:

“Franco no era estrictamente comparable a Hitler o Mussolini. Su ascenso se debió a un golpe militar respaldado por la aristocracia y la Iglesia y en lo esencial, especialmente al comienzo, no constituyó tanto un intento de imponer el fascismo como de restaurar el feudalismo. Ello significaba que Franco debía hacer frente no sólo a la clase trabajadora, sino a diversos sectores de la burguesía liberal, precisamente los grupos que apoyan al fascismo cuando éste aparece de una forma más moderna”.

La España franquista fue antiliberal, antisocialista y anticomunista. La dictadura se dedicó a centralizar el país política, económicamente y culturalmente; y tuvo las siguientes prioridades: 1) la negación de la autonomía de las regiones y el establecimiento de un Estado nacionalista, 2) la defensa del catolicismo, 3) La defensa de los valores españoles y de los grupos de poder tradicionales.

A pesar de tener admiración y cercanía con Mussolini y Hitler, la España de Franco nunca intervino en la Segunda Guerra Mundial. El caudillo nunca dio el paso como Mussolini de aliarse con Hitler más que nada por prudencia y porque Hitler jamás le había dado las garantías para obtener beneficios y ventajas en caso de participar.

Militarismo japonés

Durante el periodo de entreguerras, también el Japón imperial evolucionó hacia la extrema derecha en el espectro político. A finales del siglo XIX, Japón habría de adoptar el modelo occidental de desarrollo basado en la industrialización y la expansión territorial (Reformas Mejii). El triunfo en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 creó un sentimiento de optimismo e incluso de superioridad entre los japoneses sobre sus países vecinos. Japón anexó a Corea en 1910 y tras participar en el bando de los aliados durante la Primera Guerra Mundial se benefició económicamente con la venta de mercancías, de buques de guerra, obtuvo el control sobre las antiguas colonias alemanas en Asia y empezó a dominar el mercado chino.

Para detener la dominación japonesa en China, los Estados Unidos de América establecieron acuerdos con los chinos, lo cual no fue bien visto por los japoneses. La crisis mundial de 1929 afectó profundamente a Japón, ya que sus exportaciones de seda y de arroz disminuyeron considerablemente; el desempleo creció y las protestas sociales de trabajadores y líderes sindicales aumentaban. En este contexto se aliaron políticos, grandes empresarios y militares para tratar de derrocar al gobierno liberal de Japón, el cual tachaban de ser incapaz para hacer frente a los problemas nacionales, los problemas comerciales con China y la expansión del comunismo y socialismo.

En 1931 los militares, sin permiso del gobierno, se aventuraron en la conquista de Manchuria porque los chinos quisieron desplazar a los japoneses de la región.

Los militares japoneses declararían un Estado independiente llamado Manchukuo, encabezado por Pu-Yi, el antiguo emperador chino y asesinarían al primer ministro japonés después para imponer una dictadura militar. El emperador Hirohito, el líder espiritual de Japón, se quedó al margen y dejó que los militares gobernasen el Estado.

El militarismo japonés se caracteriza de la siguiente manera:

1.- Establecimiento de un Estado todopoderoso.

2.- Violencia del Estado, censura de prensa, persecución de enemigos y opositores.

3.- Sistema educativo estrictamente controlado.

4.- Política imperialista agresiva en el resto de Asia, basado en la idea del panasianismo.

5.- Nacionalismo agresivo.

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