Nacionalismo de mediados del siglo XIX a 1920

Con la caída del Imperio Napoleónico (1814) se expandió un sentimiento nacionalista en cada región de Europa. A pesar de que la Santa Alianza (Prusia, Rusia y Austria) intentaran restaurar las monarquías anteriores a la Revolución Francesa, las condiciones actuales provocadas por la Revolución Industrial (1800-1850) se inclinaron a la formación de nuevos Estados, basados en las semejanzas de idioma y de costumbres.

En estas condiciones, las regiones de Europa central iniciaron un proceso de unificación.

El congreso de Viena y la Santa Alianza

En las primeras décadas del siglo XIX, la nueva conformación geopolítica de Europa, así como el impulso del capitalismo de libre competencia hacían necesaria una reagrupación de algunas de las regiones que habían permanecido al margen de la expansión territorial experimentada por las potencias capitalistas, tales como Francia e Inglaterra. Este es el caso de Alemania, Austria-Hungría e Italia, a continuación, conoceremos cuales fueron las acciones emprendidas por dichas naciones.

En 1815 se llevó a cabo en Viena un Congreso que tuvo como finalidad discutir sobre los múltiples problemas que habían ocasionado los diferentes movimientos revolucionarios en Europa y uno de los acuerdos a los que se llegó fue reconocer la existencia de 38 estados soberanos que antes conformaron el Sacro Imperio Romano Germánico, de los cuales sobresalían Austria y Prusia. Otro de los acuerdos fue redistribuir los territorios europeos para delimitar las áreas de poder y lograr la estabilidad política entre las potencias.

Este acuerdo dio pauta a la conformación de la Confederación Germánica, estableciendo así una alianza continental entre el emperador Francisco I de Austria, el rey Federico Guillermo III de Prusia y el zar Alejandro I de Rusia con la finalidad de resguardarse de cualquier brote liberal o revolucionario que surgiera en Europa o en América. Favoreciendo así a la religión católica como única y a los regímenes absolutistas que pretendían evitar y luego reconquistar sus antiguas posesiones en América. A este acuerdo se le conoció como La Santa Alianza, porque dentro de las acciones que se pretendían implementar estaba mantener el sistema monárquico y conservar las ideas religiosas del clero.

La forma que optaron para resguardarse de cualquier movimiento revolucionario fue la utilización de la vigilancia, la represión policiaca o militar, así como la imposición de una ideología contraria a la democracia, las libertades personales y la igualdad legal.

Nacionalismo y unificación

Uno de los instrumentos eficaces para lograr mantener un régimen monárquico, fue la exaltación del nacionalismo, que en algunas ocasiones se convirtió en un patriotismo exacerbado que derivó posteriormente en el racismo y xenofobia que caracterizó a algunas naciones a principios del siglo XX.

El nacionalismo implica:

El principio de la soberanía nacional: que postula que la nación es la única base legítima para el Estado.

El principio de nacionalidad: que establece que cada nación debe formar su propio Estado, y que las fronteras del Estado deberían coincidir con las de la nación.

Este movimiento derivó en un proceso conservador y agresivo, supeditando la libertad y dignidad de los individuos a los intereses de diversos grupos sociales con poder político y económico. Se convertiría en el sustento del imperialismo, al conformar la base ideológica que sostenía la defensa de los intereses de la patria, en contra de los de otros pueblos y culturas, lo que permitiría mantener el control de materias primas, recursos naturales, ubicaciones geográficas estratégicas para su comercio y el control de amplias masas consumidoras de sus productos, creando colonias, protectorados o enclaves.

Es menester manifestar que algunos de estos argumentos derivaron en acciones reforzadas con ideas racistas que justificaban los prejuicios de la supremacía racial y la xenofobia que derivó en los enfrentamientos militares que desembocaron en la gran guerra del siglo XX.

El objetivo central de la conformación de la Santa Alianza era formar un bloque fuerte que pudiera dar respuesta al establecimiento de un mercado económico europeo que emanaba de las ideas del Liberalismo.

La consecuencia de la nueva reestructuración económica y política de Europa fue la unificación de los imperios y reinos que conformaron la Santa Alianza para consolidarse económica y políticamente y entrar a la competencia imperialista. Por otro lado, como una manera de protegerse de la influencia de los movimientos revolucionarios que se empezaron en Francia y en otras zonas de Europa.

Tanto Italia como Alemania buscaban acabar con los viejos regímenes dinásticos y buscaban la unidad del país a fin de liberarse de los gobiernos autocráticos y extranjeros que habían dominado la zona geográfica donde se encontraban.

Por otro lado, en ambas naciones imperaba la necesidad de aglutinarse como una nación fuerte a fin de incorporarse a las nuevas demandas que el imperialismo estaba marcando, y así hacer frente a los embates de las grandes potencias que buscaban su expansión no solo en África, Asia y América, sino también en el mismo territorio europeo.

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